Palabra Pastoral en Español – Noviembre 2014

“Porque YO recibí del Señor lo que también os he enseñado…” (1 Cor. 11.23a)

Mientras vivíamos en Indianápolis, yo era parte del Comité de Finanzas en la Iglesia donde Deb y yo éramos miembros. Era una congregación grande y que estaba creciendo con varios nuevos miembros, así que en nuestra primera reunión necesitamos tiempo para conocernos.

Para conocernos mejor, hicimos la siguiente pregunta: ¿Por qué escogiste esta iglesia? La pregunta no iba en dirección hacía por qué visitábamos o qué era lo que más nos atraía de la Iglesia. Sino que, cada uno de nosotros tendría la oportunidad de decir la razón por la que nos quedamos en esta.

Yo hablé sobre los amigos que tenía en la congregación antes de mudarnos a Indianápolis, y de cómo había tenido la oportunidad de tocar la guitarra en el grupo de Adoración que había provisto espacios para la confraternización y que me permitió compartir mis dones musicales. Otra persona habló sobre cómo los sermones del pastor lo ponían a pensar. Cuando llegó el momento para que una mujer hablara, ella dijo, “Porque todos ustedes huelen a jugo de uvas.”

Nos reímos de su respuesta, y luego ella nos explicó, que creció siendo Discípulos de Cristo. Nuestra práctica de reunirnos cada domingo en la Mesa del Señor, era una parte profunda y continua de su identidad. Ella era esposa de un militar y había vivido en muchas ciudades alrededor del mundo, había adorado en comunidades de fe muy diferentes. Sin embargo, la Iglesia que sintió más como su casa fue aquella que tenía el aroma a jugo de uvas, cuando la comunidad de la que ella era parte compartía en la mesa como parte del Culto.

Cada vez que visito una Iglesia Discípulos, tomo nota de la mesa donde la congregación se reúne para compartir la Cena del Señor. Cada mesa es diferente, pero el lugar prominente donde se ubica la mesa indica la importancia de la Cena. El Apóstol Pablo se percató de esa importancia también, porque le recordó a la iglesia en Corinto en su crítica sobre cómo es que los Cristianos de Corintios compartían, o no compartían, la Mesa Sagrada.

Cuando venimos todos a la Mesa del Señor, se nos recuerda que la gracia fue dada libremente y que se recibe libremente también, y se nos recuerda que la gracia de Dios no se limita a nosotros únicamente. Compartimos la comunión con Cristianos alrededor del mundo y a través de la historia. En la Mesa, recordamos que en Cristo nunca estamos solos. Somos muchas y diferentes congregaciones, pero somos una Iglesia.

Que la bendición de Dios continúe sobre ti y tu congregación mientras compartes la Mesa del Señor este y todos los domingos.

Dean Phelps

Share

Comments are closed.